Matt LeBlanc, Lisa Kudrow, Courteney Cox, David Schwimmer, Matthew Perry y Jennifer Aniston en un episodio de Friends de 1997. (Paul Drinkwater/Warner Brothers/Cortesía de Everett Collection)
Antes, bastaba con encender la televisión y sintonizar casi cualquier canal para encontrar a un grupo de cuatro a seis amigos carismáticos y peculiares sentados en un sofá, charlando sobre sus vidas, sus citas fallidas, quejas sobre jefes insoportables o las excentricidades de algún vecino. Series como Cheers, Friends, How I Met Your Mother y New Girl seguían este patrón.
Este tipo de programas eran conocidos como “hangout TV” o “series para pasar el rato”. Aunque todavía existen, es cada vez menos común ver a personajes reunidos noche tras noche en una cafetería o su bar preferido. Actualmente, las series más prestigiosas y comentadas —muchas nominadas a múltiples premios Emmy este año— muestran a sus protagonistas enfrentando conflictos laborales (Severance, The Studio), salvando vidas (The Pitt, Grey’s Anatomy), resolviendo crímenes (Only Murders in the Building, Slow Horses) o enfrentando problemas durante sus vacaciones (The White Lotus).
Con la excepción de algunas nuevas producciones protagonizadas por celebridades de TikTok, como Overcompensating y Adults —bien recibidas por la crítica pero con poca audiencia— parece que nadie quiere ya simplemente “pasar el rato” en la televisión.
¿Cómo desapareció una tendencia que alguna vez dominó la pantalla chica?
Escena de una fiesta en Overcompensating, una serie universitaria tipo hangout TV. (Jackie Brown/Amazon/MGM Studios/Cortesía de Everett Collection)
“La nostalgia es una fuerza poderosa”
Entre 2015 y 2023, cadenas y plataformas de streaming lanzaron grandes cantidades de series aclamadas por la crítica. Ahora, con el fin de la llamada era del Peak TV y una drástica reducción en la producción de contenido original para adultos, los espectadores recurren cada vez más a sus series favoritas de siempre. Según un informe de tendencias publicado en mayo de 2025 por la firma Digital i, la audiencia continúa conectada con títulos nostálgicos como The Big Bang Theory, Gilmore Girls y Friends.
Kunall Nayyar, Jim Parsons, Johnny Galecki y Simon Helberg en un episodio de The Big Bang Theory. (Sonja Flemming/CBS/Cortesía de Everett Collection)
Bob Batchelor, historiador cultural y profesor asistente en la Universidad Coastal Carolina, explica a Yahoo que “las plataformas de streaming prefieren apostar por títulos consolidados que brindan confort, en lugar de arriesgarse con comedias nuevas de reparto coral y conceptos sencillos, que requieren tiempo para construir una audiencia fiel”.
Batchelor sostiene que estas plataformas evitan riesgos y que las series tipo hangout, que suelen necesitar tiempo para generar vínculo con el público, son más difíciles de vender. Incluso Seinfeld, la icónica comedia autodefinida como “una serie sobre nada”, tardó en consolidarse. Pero una vez logró su base leal, se convirtió en un producto rentable. Hoy en día, las plataformas prefieren pagar por los derechos de Seinfeld para que los nostálgicos la disfruten una y otra vez, en vez de buscar nuevas versiones de ese mismo formato.
“La nostalgia es una fuerza poderosa”, afirma.
Jason Alexander, Julia Louis-Dreyfus y Jerry Seinfeld en un episodio de Seinfeld. (Castle Rock Entertainment/Cortesía de Everett Collection)
Matt LeBlanc, Lisa Kudrow, Courteney Cox, David Schwimmer, Matthew Perry y JennifeUn reflejo de otra época
Ya no solo dejamos de pasar el rato en la televisión; tampoco nos reunimos a verla. Hoy en día, los estadounidenses pasan más tiempo solos que en cualquier otro momento histórico, y las horas dedicadas a socializar han disminuido en la última década.
La televisión solía ser una actividad compartida y tranquila. Julie Ferris-Tillman, experta en comunicación, señala a Yahoo que antes la TV era “el hogar familiar simbólico.”
“Veíamos televisión en familia a horarios fijos. Las cadenas planificaban sus contenidos pensando en estas rutinas, lo que servía tanto para anunciantes como para segmentar audiencia”, explica. “Antes, comentábamos episodios de Friends en la oficina; ahora, ese diálogo ocurre en redes sociales. El público ya no necesita ver juntos un programa para compartir la experiencia; basta con demostrar que lo han visto.”
Tampoco vivimos las formas de convivencia que mostraban estas series. Chris Hite, cineasta y profesor en Allan Hancock College, apunta que programas como Friends y Cheers reflejaban una sociedad estadounidense más sociable, quizá irrepetible.
Courteney Cox, Lisa Kudrow, Jennifer Aniston y David Schwimmer en el primer episodio de Friends en 1994. (Warner Bros./Cortesía de Everett Collection)
“La triste realidad es que las circunstancias económicas que permitían esas reuniones ya no existen”, asegura. “Sigo viendo Friends regularmente. Es una comedia fantástica con personajes memorables, pero ahora noto todo lo que allí había y que ha desaparecido del panorama social estadounidense: las Torres Gemelas, la facilidad para viajar, la variedad laboral, el entretenimiento en vivo y el café asequible.”
Hoy, el modelo de convivencia más común en los millennials recuerda más a una comedia laboral como The Office, que también experimenta un resurgimiento nostálgico y estrenará su propio spin-off en septiembre. Series actuales como It’s Always Sunny in Philadelphia, Abbott Elementary, Tires y The Bear enmarcan este estilo: personajes que se enamoran, enfrentan dificultades y encuentran en el trabajo a sus mejores amigos, no en el hogar ni en un lugar habitual de encuentro.
Las series (y sus audiencias) hacen varias cosas a la vez
El espíritu del “pasar el rato” sigue vivo en muchas series, incluso en aquellas que rompen convenciones de género o formato. Poker Face, la serie de misterio creada por Rian Johnson, es un ejemplo. En lugar de centrarse en el “¿quién lo hizo?”, explora el “¿por qué?” y el “¿cómo lo atraparon?”. Johnson eligió a Natasha Lyonne como protagonista porque necesitaba a alguien con quien la audiencia quisiera simplemente pasar el rato.
Cada episodio presenta a Lyonne en un nuevo escenario con distintos personajes, interpretando a Charlie Cale, una mujer capaz de detectar mentiras, y la seguimos semana a semana como se hacía antes con Colombo.
“Es algo raro y único, y Natasha es una de las pocas personas que lo logra… en realidad, Poker Face es una serie para pasar el rato”, asegura Johnson. “El misterio es secundario: la gente quiere estar con Charlie Cale cada semana.”